Motivación proviene del término latino movere que significa mover. Se puede decir que es el proceso que impulsa a una persona a actuar de una determinada manera o, por lo menos, origina una propensión hacia un comportamiento específico.

 

Ese impulso de actuar puede provenir del ambiente (estímulo externo) o puede ser generado por los procesos mentales internos de la persona.

 

La formación en adultos tiene una serie de matices que la diferencian de la formación en niños y adolescentes. 

Deberemos tener en cuenta estas características particulares a la hora de desarrollar las estrategias de motivación:

  • Resistencia al cambio. Se ven las novedades como una amenaza.
  • Mayor exigencia al proceso formativo. Solemos formarnos por interés propio.
  • Economía de esfuerzo. Se busca formación por una necesidad concreta.
  • Impaciencia. Relacionada con la economía de esfuerzo.
  • Responsabilidad. Se siente cercano al formador sin ese temor infantil.
  • Emotividad. Aparecen los miedos a la frustración y al ridículo.
  • Verificación o evaluación. Se debe verificar la eficacia del esfuerzo realizado de forma continuada.

Así, algunas recomendaciones para motivar a los alumnos y alumnas podrían ser:

  • Para vencer la resistencia podríamos hacer ver a los alumnos y alumnas los beneficios que puede reportar la formación en la que van a participar.
  • Para mantener el interés en el proceso formativo, el alumno deberá ver claro el fin del mismo o, al menos, que éste responde a sus necesidades. Se debe ver la conexión entre las tareas que realiza y el objetivo de la formación.
  • No se debe usar el estilo autoritario.
  • No es adecuado fomentar un sistema competitivo donde coexistan grupos de diferente nivel, ni hacer críticas negativas en público.
  • Será muy beneficioso el que los alumnos y alumnas reciban un feedback continuado que les ayude a evaluar el nivel de aprendizaje que se va alcanzando. Se estructurarán los contenidos en etapas breves y escalonadas.

Por último deberemos adaptar las estrategias a la diversidad del grupo, la modalidad de formación, los objetivos, etc.

Con lo expuesto hasta aquí he querido dar unas breves pinceladas sobre los principios en los que se asienta la motivación en el proceso formativo del adulto. Con ello y con un poco de sentido común lograremos que nuestros alumnos y alumnas saquen un mayor provecho de la formación en la que participan.

Según tu experiencia ¿qué más estrategias podrías añadir?

Un abrazo.

 


Jose Luis Balaguer

Psicólogo, auditor de formación bonificable, master en Dirección y Gestión de RRHH y técnico Superior en Prevención de Riesgos Laborales. Me gusta escribir, las nuevas tecnologías, el deporte y la naturaleza. Actualmente trabajo como técnico de formación.

3 commentarios

Anónimo · 9 diciembre, 2011 a las 21:22

Muy interesante tu reflexion. Anadiria personalizacion en la ensenanza, empatizar con el alumno, aprovechar su experiencia y conocimientos en clase…muchas veces necesitan sentirse reconocidos y apoyados.

Jose Luis Balaguer · 9 diciembre, 2011 a las 21:42

Muchas gracias por tu aportación. Un saludo.

¿Qué falla en la formación a distancia? - · 22 mayo, 2018 a las 16:05

[…] sigue faltando ese algo para que los resultados sean los esperados.Como ya comenté en otra ocasión, la motivación de los alumnos y el papel de los tutores en esta modalidad formativa son aspectos […]

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