Una de las primeras asignaturas que cursé en la carrera fue “Transiciones evolutivas”, donde se hacía un breve repaso de aquellos momentos clave en la vida de las personas desencadenando un cambio, una evolución.


Se hablaba del paso de la niñez a la adolescencia, de la crisis de los 30, de los 40… lo que no recuerdo es si se trasladó el debate al mundo del trabajo.

¿Quién eres? Si nos hacemos esta pregunta es posible que muchos de nosotros nos contestemos algo parecido a: “Soy Fulanito de tal y me dedico a…”

El trabajo puede ocupar un lugar más o menos central en nuestra vida. Desde las personas que vivan para trabajar hasta las que trabajen para vivir (en el más amplio sentido). Tanto si se está en uno o en otro extremo, el trabajo forma parte de nuestras vidas, incluso condicionándolas en los casos más extremos.

Por eso eché en falta la consideración de los cambios laborales como transiciones evolutivas en las personas. Estos cambios teóricamente pueden ser para mejor (promociones, ascensos…) o para peor (por ejemplo cuando una persona se queda desempleada). En ambos casos las personas sufrimos una situación más o menos estresante que debemos gestionar de la mejor forma que sepamos. Fruto de esa gestión emocional tomaremos un camino u otro en el futuro.

En el caso de quedarse desempleado (que parece lo más común en los tiempos que corren), la persona puede que pierda no sólo un trabajo, sino que también pierda parte de su identidad. Si en la pregunta que formulaba al principio contestaba: “Soy Fulanito de tal, fontanero”, ahora habrá perdido una parte importante de su identidad. Un hecho desconcertante y muy estresante.

En mi modesta opinión, llegados a este punto es importante plantearse dos aspectos:

  1. Se debe tratar de buscar más allá del trabajo cuando nos hagamos la pregunta de quiénes somos (soy padre de dos hijos, soy un enamorado del senderismo, soy un auténtico manitas en casa…).
  2. Nos debemos aprovechar (en el buen sentido de la palabra) de nuestro entorno. Ellos serán los soportes y los salientes de la rocosa pared que nos ayuden a superar una situación de este tipo.

Lo mismo ocurre en el lado opuesto. Ante una situación de ascenso, de promoción o cambio laboral la persona puede encontrarse con pensamientos como los de… “estaré capacitado. cumpliré las expectativas, me habré equivocado al decidirme por el cambio…”

Muchos (o pocos) tenemos la suerte de defendernos más o menos bien en estas situaciones de cambio, por ejemplo, viéndolas como retos o como algo necesario para un futuro mejor. Sin embargo, estoy convencido que son muchas las personas que no poseen de estas herramientas para superar estas difíciles transiciones laborales.

Sería de agradecer que tanto en el sistema educativo reglado como no reglado se dedicara una parte a la gestión de situaciones de cambio, de estrés, de gestión emocional. La sociedad, las empresas, están compuestas por personas que sienten, disfrutan y padecen. Algo que parece olvidarse muy a menudo.

Un abrazo.

Categorías: Recursos Humanos

Jose Luis Balaguer

Psicólogo, auditor de formación bonificable, master en Dirección y Gestión de RRHH y técnico Superior en Prevención de Riesgos Laborales. Me gusta escribir, las nuevas tecnologías, el deporte y la naturaleza. Actualmente trabajo como técnico de formación.

1 comentario

El duelo laboral - · 23 mayo, 2018 a las 10:17

[…] pérdida del puesto de trabajo supone el inicio de una transición laboral en la que se, según el caso, se puede experimentar el duelo. El duelo supone un proceso más o […]

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