Que existen diferencias entre las diversas modalidades de formación nadie lo discute. Se ha hablado largo y tendido de éstas en blogs, portales especializados, foros, etc.
 
Un aspecto a tener en cuenta, y que variará en función de la modalidad, es la gestión de las emociones durante el proceso formativo.
 
En esta ocasión me centraré en cómo gestionar nuestras propias emociones y las de nuestros alumnos en la formación a distancia (tradicional y teleformación).
 
Robert Sylwester en su obra A biological brain in a cultural classroom, decía que “la emoción dirige la atención, y la atención dirige el aprendizaje”. Este punto se hace especialmente crítico en la formación a distancia.
 
El tutor/dinamizador de la formación deberá desarrollar su empatía y su inteligencia emocional lo máximo posible. Ello le permitirá poder adaptarse a las particularidades emocionales de sus alumnos y conseguir un aprendizaje significativo.
 
Alumnos desmotivados, alumnos muy atareados, alumnos distantes, alumnos cabreados… la variedad es enorme y la forma de tratar con cada uno de ellos varía. No nos podemos dejar invadir por sus emociones; acabaríamos desbordados y fracasados.
 
En la formación a distancia resulta especialmente importante las estrategias de relación con los alumnos. Actualmente los medios nos permiten desarrollar clases por videoconferencia (los famosos webinar), twiitear un evento determinado o crear contenidos multimedia atractivos y motivadores para los alumnos.
 
Se deben aprovechar estos recursos para, primero, obtener información sobre los participantes en la formación (procedencia, motivaciones, características personales…) que nos permita, posteriormente, adaptarnos a ellos y conseguir nuestro objetivo inicial: un aprendizaje significativo.
 
Ante un alumno muy atareado trataremos de averiguar qué es lo que más le puede interesar del curso y ofrecerle información clave de manera concisa y clara. Valdrá más que el alumno aprenda pocas cosas que le sean útiles que avasallar con cantidades ingentes de información, ejercicios, debates…
 
Con alumnos distantes o desmotivados trataremos de averiguar, como en el caso anterior, los motivos de sus comportamientos para actuar en consecuencia.
 
Cuando nos encontramos con alumnos cabreados o disgustados será muy importante, además de averiguar las causas de su estado, adoptar una actitud empática. Trataremos de tocar aquellas emociones que despertarán en él el interés por los contenidos y rebajen su estado de disgusto (mostrar comprensión, argumentar la necesidad de la formación, desarrollar ejercicios de relajación…).
 
Con todo, las particularidades de la formación a distancia, nos obligarán a adaptar estas estrategias de modo que mantengan su efectividad (desarrollo de juegos por la red, correcta atención telefónica, etc.).
 
¿Cómo gestionáis las emociones de vuestros alumnos? ¿Y las vuestras como dinamizadores/tutores/formadores?
 
Un abrazo.

Jose Luis Balaguer

Psicólogo, auditor de formación bonificable, master en Dirección y Gestión de RRHH y técnico Superior en Prevención de Riesgos Laborales. Me gusta escribir, las nuevas tecnologías, el deporte y la naturaleza. Actualmente trabajo como técnico de formación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *