Instintivamente las personas tendemos a desarrollar nuestra vida en entornos conocidos, donde predomina la certidumbre y la sensación de control de nuestro entorno.

Solemos sentirnos más cómodos clasificando, estructurando nuestro alrededor. Cuando no encontramos patrones esperados la situación puede volverse incómoda.

Las zonas de confort ayudan a desarrollarnos, con la certeza y tranquilidad de saber en gran medida las consecuencias que tendrán nuestros actos.

No obstante, el ser humano también es curioso por naturaleza, y gracias a esta curiosidad hemos podido evolucionar a lo largo de la historia. Nos gusta experimentar, explorar, intentar cosas nuevas.

Estas dos actitudes están presentes en todos nosotros en diferente medida. Habrá personas más curiosas que otras, más emprendedoras, con menos iniciativa, etc.

Fruto de esta mezcla, y de algunos matices más que serían muy extensos de explicar en estas líneas, llegan momentos en nuestras vidas en los que nos enfrentamos al dilema: abandonar o no nuestra zona de confort.

Esta encrucijada se nos puede presentar en diferentes zonas confort, ya que existen tantas como planos de desarrollo personal (familiar, laboral, emocional…). Así es como nos podemos plantear volver a estudiar, tener un hijo, cambiar de trabajo, emanciparnos, etc.

Abandonar nuestras zonas de confort no es nada fácil, máxime si no estamos acostumbrados a ello. En esta decisión, además de nuestras pulsiones, entra en juego nuestra mente racional.

Será común que nos planteemos los pros y los contras, que contrastemos si ese cambio nos va a ayudar a acercarnos a alguno de nuestros objetivos vitales, y/o profesionales, las posibles consecuencias, etc.

Después de todo, una vez tomada la decisión deberíamos mantenerla hasta el final. Si nos equivocamos, habremos aprendido y en el futuro mejoraremos nuestra toma de decisiones y si acertamos estaremos en el buen camino hacia nuestras metas.

En mi caso, de forma natural, predomina más la fuerza que me arrastra a continuar con la rutina y lo conocido que el enfrentarme a la incertidumbre. Eso no tiene porqué ser malo, siempre que uno sea consciente que realmente es lo que quiere hacer: te quedas como estás porque realmente quieres, no porque te dé miedo el cambio.

A pesar esta tendencia natural, en la carrera cambié la rama educativa por la de recursos humanos, cambié Valencia por Girona y, tras enfrentarme a una encrucijada más, el próximo lunes inicio una nueva etapa profesional con nuevos retos y oportunidades de crecimiento personal y profesional.

En mi caso, pues, tengo claro que igual de bueno es cambiar que quedarse en una zona de confort. También tengo claro que la decisión que tome en cada momento siempre estará basada en mis expectativas y metas y que, por encima de mi tendencia natural, siempre seré yo quien me permita dar mi última palabra.

Y ahora, ¡a por ello!


Jose Luis Balaguer

Psicólogo, auditor de formación bonificable, master en Dirección y Gestión de RRHH y técnico Superior en Prevención de Riesgos Laborales. Me gusta escribir, las nuevas tecnologías, el deporte y la naturaleza. Actualmente trabajo como técnico de formación.

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