En apenas unos meses la pandemia del coronavirus SARS-CoV-2 ha cambiado la vida de las personas. Previsiblemente tardaremos un par de años en volver a la situación previa a la pandemia. Sin una vacuna o tratamiento eficaz y seguro, nuestras relaciones personales continuarán manteniendo la distancia de seguridad, los geles hidroalcohólicos seguirán pringándonos nuestras manos y las mascarillas seguirán impidiendo ver sonrisas.

Esta situación, evidentemente, también ha alcanzado al mundo laboral. No se nos olvida el boom de las aplicaciones de videollamadas o la adaptación a toda prisa al teletrabajo.

Hasta el espartano y estricto Sistema de Formación Profesional para el Empleo ha adaptado sus requisitos de impartición de la formación programada por las empresas, permisos individuales de formación etc.

Fundae y el aula virtual

En este enlace se pueden consultar con detalle todas las medidas llevadas a cabo durante estos meses para intentar facilitar la formación de los trabajadores durante la pandemia. Una de las principales novedades ha sido la inclusión del Aula Virtual como una modalidad de formación presencial, largamente reivindicada por el sector.

El blog del compañero Sergio Oliva (@SergioOliva_A) desgrana los requisitos técnicos que deben cumplir estas plataformas de forma exquisita, por lo que no me detendré a repetir lo mismo, pero peor explicado.

Márgenes de mejora

Tras unos meses de experiencia organizando e impartiendo formación a través de aulas virtuales, parece claro que esta “nueva modalidad” tiene aún recorrido de mejora. Técnicamente hay soluciones muy interesantes que además siempre están involucradas en un proceso de mejora contínua. Es cierto que la amplia variedad de soluciones existentes puede marear un poco, pero al final pienso que sobrevivirá sólo un puñado de ellas.

El mayor potencial de mejora puede darse en otros dos niveles: el burocrático y el social.

Burocráticamente creo que se debería buscar alguna fórmula diferente a la actual que facilitara el registro de la asistencia de los alumnos. La firma de una declaración responsable, aunque está bien, creo que puede dar lugar a mucho fraude. La opción de firma digital la veo muy complicada y el registro de conexiones no es válido, por ejemplo, en aquellos casos en los que las conexiones al aula se hacen a través de grupos de trabajadores reunidos en diferentes centros de trabajo.

Fuente: Pexels

Aunque la implantación de las TIC en la sociedad es muy profunda, todavía hay sectores de población y de trabajadores que tienen dificultades de acceso o, simplemente, las rechazan. Al igual que ocurrió con la formación online en sus comienzos, se debe realizar todavía una importante labor de pedagogía y acercamiento de esta nueva forma de participar en la formación. La democratización del acceso a Internet y a equipos informáticos también es fundamental.

El futuro de la relación

Hay que valorar el esfuerzo y adaptabilidad que ha demostrado el Servicio de Empleo Estatal y Fundae a la hora de ofrecer soluciones que permitieran seguir impartiendo formación a los trabajadores durante los primeros meses de la pandemia. A partir de aquí, se debería hacer una reflexión profunda y planificar los próximos años manteniendo y mejorando el sistema de formación a través de aula virtual. Espero que esta solución no haya sido flor de un día y se mantenga en el tiempo, eso sí, intentando pulir aquellos aspectos que la situación de emergencia no permitió en su momento. Lo que unió la pandemia, que no lo separe el hombre.

Categorías: Formación

Jose Luis Balaguer

Psicólogo, auditor de formación bonificable, master en Dirección y Gestión de RRHH y técnico Superior en Prevención de Riesgos Laborales. Me gusta escribir, las nuevas tecnologías, el deporte y la naturaleza. Actualmente trabajo como técnico de formación.

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