La pandemia de SARS-Cov-2 precipitó la adopción del teletrabajo por muchas empresas que, pese a no tener un plan previo o no contar con los recursos necesarios, adoptaron esta modalidad de trabajo por la urgencia del momento.

Después de superar los momentos más críticos de la pandemia, muchas empresas están volviendo poco a poco a la presencialidad en el trabajo, dejando el teletrabajo en el olvido.

Es cierto que todas las profesiones no permiten teletrabajar, pero el número de las que sí no es nada desdeñable. En mi opinión, el teletrabajo no debería tratarse simplemente como una modalidad de trabajo (frente al trabajo presencial), sino más bien como una medida más de conciliación entre la vida laboral y la vida personal.

Durante los momentos más críticos de la pandemia, el teletrabajo, en aquellas profesiones en las que es posible, fue obligatorio. Este hecho benefició a muchos trabajadores, pero también perjudicó a otros.

Entre los perjudicados estaban aquellos que debían compaginar el teletrabajo con sus obligaciones familiares (hijos, cuidado de personas mayores…), o aquellos que no disponían de un lugar adecuado para teletrabajar (pisos compartidos, pisos pequeños sin posibilidad de instalar una oficina…).

Entre éstos también destacar aquellos que por sus características psicológicas, prefieren trabajar presencialmente rodeados de otros compañeros de trabajo y a los que les cuesta desconectar si físicamente trabajo y vida personal comparten el mismo espacio.

Por último, las personas no familiarizadas con las nuevas teconologías puede que fueran las más perjudicadas.

En el otro polo, las personas que se vieron beneficiadas por el teletrabajo fueron aquellas que dejaron de invertir tiempo y dinero en desplazamientos al lugar de trabajo (transporte público, combustible, trabajo alejado del lugar de residencia…).

También se beneficiaron aquellas personas familiarizadas con las nuevas teconologías de la información y la comunicación. Para ellas el conectarse a un escritorio remoto, tener reuniones por Zoom o utilizar VoIP no supuso ningún problema.

Por todo lo expuesto, las empresas deberían ofrecer de manera voluntaria, y sin pérdida de derechos, el teletrabajo en aquellos puestos donde fuera posible.

Ofrecer la posibilidad de teletrabajar, aunque fuera en un porcentaje determinado (3 días de 5, por ejemplo), sería un factor motivador y de fidelización para el trabajador.

Si bien a a día de hoy teletrabajar al 100% puede que no sea la mejor opción, sí sería recomendable ofrecer la posibilidad de teletrabajar unos días a la semana.

Se ha escrito mucho sobre cómo implantar el teletrabajo en una empresa, por lo que aquí no se repetirá otra vez. En este sentido, únicamente significar que en una correcta implantación del teletrabajo, tanto trabajador como empresa deben tener una confianza mutua y centrarse más en los resultados que en el “presencialismo”.

Seguramente en los próximos años se avance hacia un modelo mixto de trabajo, donde se combine teletrabajo y trabajo presencial, siempre de forma voluntaria y con una legislación más desarrollada de la que existe actualmente. El tiempo dirá si se cumple o no.

Un abrazo.

Categorías: Recursos Humanos

Jose Luis Balaguer

Psicólogo, auditor de formación bonificable, master en Dirección y Gestión de RRHH y técnico Superior en Prevención de Riesgos Laborales. Me gusta escribir, las nuevas tecnologías, el deporte y la naturaleza. Actualmente trabajo como técnico de formación.

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